La filosofía del Bambú

Hola, ya ha pasado bastante tiempo que no escribía debido a una gran cantidad de actividades que he estado desarrollando, pero con unas tremendas ganas de reunirme contigo en este espacio de aprendizaje. Que a pesar de tratarse de un Blog, cada vez que tecleo, siento esa conexión especial contigo que estás leyendo, ya que tengo la convicción que algo sacarás en limpio para usarlo en tu vida, ya sea por las historias, las metáforas o  los artículos sobre algún tema en particular.

Soy un ferviente creyente de que nada en este mundo pasa por casualidad, así que estoy seguro que cada línea y párrafo que escribo, está llegando exactamente a alguien que lo necesita. Así que pon mucha atención para descifrar lo que el universo hoy quiere decirte.

Ultimamente he estado trabajando en un nuevo modelo de aprendizaje y buscando información, me volví a topar con esta maravillosa historia de la naturaleza, sorprendiéndome el hecho de como algo tan simple, puede dejarnos una enseñanza tan profunda.

“Cuenta el mito, que después que se siembra una semilla de bambú, el agricultor la riega, la abona y la cuida. 

Durante los primeros meses no ocurre nada evidente o apreciable en su superficie. 

En realidad, no sucede nada con la semilla durante varios años, al punto que un agricultor con poca experiencia, se convencería a si mismo de haber comprado semillas estropeadas.

Sin embargo, durante el séptimo año, ocurre algo inesperado y maravillo, que solo la naturaleza es capaz de entregarnos.

En un período de solo seis semanas, este bambú puede crecer hasta más de veinte metros.

¿Tardó sólo seis semanas crecer?. La verdad es que no, ella se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse”

He escuchado muchas historias sobre la filosofía del bambú, pero la que más me impacta de esta planta, más allá de la flexibilidad ante la adversidad, es su desarrollo lento y sustentable.

Estamos en una sociedad que valora cada vez más la inmediatez y la rapidez por sobre la pausa y la reflexión consciente.

Estamos en plena era de la revolución digital, época en la que faltan horas al día para hacer y cumplir con nuestras obligaciones. Siendo precisamente aquí donde el bambú nos revela su lección más importante.

Para poder alcanzar ese crecimiento acelerado y constante que buscamos, esos verdaderos “saltos cuánticos” como lo diría JDG, primero debemos buscar terreno fértil para poner nuestra semilla y esperar que las raíces tengan la suficiente profundidad para sostener nuestro éxito en el largo plazo.

Si no fuera de esta forma, a la primera tormenta o muestra de adversidad, caeríamos al suelo por no tener un sistema personal capaz de soportar toda la carga administrativa o emocional que exige lo mejor de nosotros. Emito un juicio respecto a lo anterior y creo que es lo que les pasa a muchas personas hoy en día.

Comprendo que el éxito considera un proceso de crecimiento y que en una etapa temprana no generará resultados evidentes. Entiendo también que esos resultados al no ser visibles para la mayoría de las personas, hacen que aparezcan dudas sobre si el proceso que se está llevando a cabo vale realmente la pena, sin percibir que son la base fundamental que sustentará los triunfos venideros.

Quizás no sea necesario esperar tantos años como el bambú, pero lo que es claro, que para poder alcanzar lo que quieres, tendrás que tener un objetivo bien definido y  asumir el compromiso de desarrollar las competencias necesarias para lograrlo, es la única forma de convertirse en un milagro de la naturaleza y aumentar tu valor personal al mil por ciento.

Si eres capaz de hacer lo anterior de buena forma, disfrutarás los beneficios por muuuuuuuuuucho tiempo.

Que estés muy bien y nos vemos en la próxima entrada. Un tremendo abrazo.

El Samurai y el Monje

Hola amigos, hoy quiero compartir un nuevo cuento acerca de Samurai que me gustan mucho. Este lo encontré en la página de Alejandro Jodorosky y me llamo la atención la gran cantidad de interpretaciones que tuvo. Cada persona sacó su propia conclusión, incluso hubo algun@s que no entendieron y pidieron a otros que les dijeran de que se trataba.

Yo quiero dejar este cuento para que lo leas y puedas sacar tu propia conclusión, recordando que la vida no es más que fenómenos interpretativos. Vemos el mundo no como es, sino como somos nosotros.

“Cuenta la famosa leyenda, que un feroz Samurai entro una vez en una aldea. 

Hizo huir a todos sus aldeanos, menos a un viejo monje que siguió sentado meditando frente a su pequeño templo. 

El Samurai, enarbolando su espada se acercó a él y dijo:

Todos huyen de mí, pero tú te quedas en este lugar sentado y mirándome tranquilamente!

Tiembla anciano! ¡Estás ante alguien que podría cortarte en dos sin pestañear.

Sin siquiera inmutarse, el viejo maestro le respondió:

Tiembla tú! porque estás ante alguien que podría ser cortado en dos sin pestañear.

El Samurai muy sorprendido, dejo caer su espada y se sentó a meditar con el tranquilo monje”

Ahora comparto contigo mi interpretación.

No permitas que la gente te lleve a su tormenta, mejor atráelas hacia tu paz

Como te dije anteriormente, pueden existir otras interpretaciones.

Si te hizo sentido, te invito a reflexionar sobre a aquellos aspectos de tu vida en los que se manifiesta;

¿Estás actuando como Samurai o como Monje?

Bueno amigos, nos vemos en la próxima entrada con otros temas muy interesantes.

Que estén muy bien.

Un cuento japonés sobre el aprendizaje

Hola amigos, quiero darles las gracias, ya que últimamente he recibido muchas preguntas sobre Coaching, tales como; ¿Dónde se estudia?, ¿Qué conocimientos previos se necesitan?, entre varias otras, sin embargo, hay un pregunta en específico que me llamo bastante la atención, ¿Es algo rápido de aprender? y para responder, quiero invitarlos a leer el siguiente cuento japonés.

“Matajuro Yagyu, hijo de un célebre Maestro del sable, fue renegado por su padre quien creía que el trabajo de su hijo era demasiado mediocre para poder hacer de él un Maestro. Matajuro, que a pesar de todo había decidido convertirse en Maestro de sable, partió hacia el monte Futara para encontrar al célebre Maestro Banzo. Pero Banzo confirmó el juicio de su padre:

– No reúnes las condiciones.

– ¿Cuántos años me costará llegar a ser Maestro si trabajo duro? – insistió el joven.

– El resto de tu vida – respondió Banzo.

– No puedo esperar tanto tiempo. Estoy dispuesto a soportarlo todo para seguir su enseñanza. ¿Cuánto tiempo me llevará si trabajo como servidor suyo en cuerpo y alma?

– ¡Oh, tal vez diez años!

– Pero usted sabe que mi padre se está haciendo viejo, pronto tendré que cuidar de él. ¿Cuántos años hay que contar si trabajo más intensamente?

– ¡Oh, tal vez treinta años!

– ¡Usted se burla de mí. Antes eran diez, ahora treinta. Créame, haré todo lo que haya que hacer para dominar este arte en el menor tiempo posible!

– ¡Bien, en ese caso, se tendrá que quedar usted sesenta años conmigo! Un hombre que quiere obtener resultados tan deprisa no avanzará rápidamente – explicó Banzo.

– Muy bien – declaró Matajuro, comprendiendo por fin que le reprochaba su impaciencia – acepto ser su servidor.

El Maestro le pidió a Matajuro que no hablara más de esgrima, ni que tocara un sable, sino que lo sirviera, le preparara la comida, le arreglara su habitación, que se ocupara del jardín, y todo esto sin decir una palabra sobre el sable. Ni siquiera estaba autorizado a observar el entrenamiento de los demás alumnos.

Pasaron tres años. Matajuro trabajaba aún. A menudo pensaba en su triste suerte, él, que aún no había tenido la posibilidad de estudiar el arte al que había decidido consagrar su vida.

Sin embargo, un día, cuando hacía las faenas de la casa, rumiando sus tristes pensamientos, Banzo se deslizó detrás de él en silencio y le dio un terrible bastonazo con el sable de madera (boken). Al día siguiente, cuando Matajuro preparaba el arroz, el Maestro le atacó de nuevo de una manera completamente inesperada. A partir de ese día, Matajuro tuvo que defenderse, día y noche, contra los ataques por sorpresa de Banzo.

Debía estar en guardia a cada instante, siempre plenamente despierto, para no probar el sable del Maestro. Aprendió tan rápidamente que su concentración, su rapidez y una especie de sexto sentido, le permitieron muy pronto evitar los ataques de Banzo, el Maestro le anunció que ya no tenía nada más que enseñarle”

“Un hombre que quiere obtener resultados tan deprisa no avanzará rápidamente”

Al igual que Matajuro, la mayoría de las personas cuando empiezan en la práctica del Coaching, quieren asimilar las enseñanzas demasiado rápido, sin dejar tiempo a la reflexión y análisis personal.

No toman en cuenta que todos los procesos de crecimiento son de dentro hacia afuera y requieren de un tiempo de maduración para convertirse en sustentables en el tiempo, algunos lo llaman “La ley de la cosecha”, esta dice que no puedes recoger los frutos del conocimiento si no te preocupas de regar y cuidar los campos y aunque lo hicieras, la semilla cumple su ciclo según su naturaleza, así que mientras no estemos listos y llevemos a cabo nuestras propias conversaciones internas, trabajemos con nuestras propias creencias limitantes, no estaremos del todo preparados para acompañar a otros en sus procesos para alcanzar sus metas.

Aquí les dejo una última pista; “El secreto se encuentra en la práctica constante, llegará un momento en que la disciplina será capaz de vencer a la inteligencia”

Espero que les haya gustado, que estén muy bien y nos vemos en la próxima entrada.

Un cuento Samurai sobre las debilidades

Hola amigos, hoy quiero compartir una historia que escribí hace años acerca de las debilidades y que hacer con ellas. Todo esta ambientado en Japón antiguo, pero mejor no les doy más detalles y los invito a que ustedes la lean y saquen sus propias conclusiones.

Hace mucho tiempo, en el antiguo Japón existió un gran guerrero Samurai, que llegó a ser muy famoso por ser prácticamente invencible. Mantuvo esta condición por muchos años inclusive después de haber enfrentado a varios guerreros fanfarrones que viajaban a su región, la comarca de Bushido, para probarse a si mismos al intentar matarlo.

Un día, llegó a su morada un guerrero llamado Fong, el no venía en busca de pelea, sino en busca de enseñanza y sabiduría.

El guerrero invencible lo recibió con gusto en su hogar, le presentó a su familia, ya que era la primera vez que podría compartir sus secretos con otro Samurai.

Durante varios meses compartieron juntos las meditaciones del alba, las practicas de la mañana y las practicas del atardecer.

Con el pasar del tiempo y gracias a una detallada observación durante las prácticas, Fong se dio cuenta de algo. Que el punto débil de su nuevo maestro era el costado derecho bajo las costillas, que dejaba vulnerable por algunos segundos durante las batallas con espadas.

Al día siguiente, durante la práctica de la tarde, Fong se acercó a su maestro y le dijo: Disculpa que te lo diga, pero me he dado cuenta que dejas tu guardia vulnerable durante unos segundos, al costado derecho bajo las costillas. Podría decir que es tu única debilidad, pero aún así podría ser mortal en combate.

El maestro respondió: Querido Fong, es bueno que lo hayas notado, porque eso me dice que ya estás preparado para lo que viene, gracias por recordármelo, ha sido mi debilidad desde que inicie el camino del Samurai. Te pido por favor un último combate de práctica antes de la cena.

Se prepararon y acordaron usar sus espadas por el lado sin filo, pero utilizando sus mejores movimientos. Desde un principio Fong trató de atacar a su maestro por el lado del punto débil, siendo repelido cada vez con una defensa y ataque mortales. Lo hizo varias veces y de diferentes maneras, hasta que por fin se dio completamente por vencido.

Estando Fong sentado y muy cansado, tratando de explicarse como ninguno de sus ataques tuvo éxito, se acercó el maestro y le dijo:

Este es el secreto para ser invencible; reconoce tus debilidades, acéptalas y úsalas a tu favor. Si las escondes y no trabajas para fortalecerlas, cualquiera podrá usarlas en tu contra en cualquier momento. Es decisión de cada uno que hacer con ellas.

Así fue como los años pasaron, las primaveras cubrieron varias veces de flores los prados y el maestro Samurai murió de anciano.

Sin embargo, continuaron las historias de un guerrero invencible de la comarca de Bushido; su historia quedó escrita en los libros de todas las regiones de Japón, siendo conocido como “Fong el Sabio”.

Espero que les haya gustado mi historia, es importante reconocer que incluso nuestras debilidades se pueden convertir en la mayor de nuestras fortalezas, es uno de los grandes secretos que he aprendido en la vida. Nos vemos en la próxima entrada, que tengan una feliz semana.